By Ricardo Zapata, Sensei
The Cube of Truth and the Trap of Perception
When we believe we understand something fully and possess its ultimate truth, we are merely observing a single face—or perhaps just a fraction of an edge—of the vast cube that represents reality. No human being is grand enough to hold that cube in their hands. In this world, falsehood prevails precisely because it is complex, draped in rags, and tangled like a parasitic vine. Truth, by contrast, is naked, simple, and direct—a trunk without branches. It is far easier for the ego to embrace a grand lie than to accept a small, simple truth.
Titles such as Sensei, Shihan, Shidoshi, or Reverend are ultimately illusory labels of this dimensional plane. Although I hold ranks granted by Japanese organizations in Ninpo Mikkyo Bujutsu and possess an academic background in design and educational management, I am fully aware that a title does not bestow wisdom or moral superiority. Degrees and ranks must be demonstrated in how one navigates life: through resilience, service to society, and the capacity for self-transformation. The greatest illusion of the ignorant is believing they control knowledge through authority.
The Concept of Makyo: Self-Deception in Practice
Recently, in a dialogue with a dedicated student of Suizen, the term Makyo (魔境) surfaced. Literally meaning "the devil’s cave" or "territory of demons," in meditation, Makyo refers to illusions or misinterpretations of sensory experience. These are bubbles of self-deception where the practitioner believes they have attained enlightenment or possess a messianic purpose.
This phenomenon is not exclusive to meditation; we see it in academics whose doctorates lack human maturity, in religious leaders who radiate intolerance, and in martial arts masters submerged in delusions of grandeur. Anyone who believes they possess exclusive knowledge in our globalized world has fallen into an induced Makyo. True awakening is not a mystical fantasy; it is the fulfillment of our responsibilities with lucidity, pure love, and a raw vision of life’s nature.
Mumon Ryu: The Gateless School Facing Sectarianism
My system, Mumon Ryu, was born from observing this human duality. It means "The Gateless School," symbolizing the crossroads where human beings collide with their own paradigms. Many create enemies at every corner out of fear of crossing their own barriers.
I observe with concern the sectarian behavior in meditative disciplines. The shakuhachi world is not exempt from this, often trapped in the dogma that only the Japanese possess the authority to manufacture or teach the instrument. Historically, this is unsustainable: the shakuhachi has roots in China and perhaps other forgotten places. As suggested in Miyazaki’s work, Japanese culture has been a brilliant synthesis of external influences. Declaring that a non-Japanese person cannot master this art is as absurd as forbidding an Asian musician from playing European classical music or Colombian vallenato. Art is proven by playing, not by a photograph standing next to a Japanese master.
Luthiery and Pedagogy: Sound as Truth
As a designer and performer, my contribution to the state of the art of the shakuhachi stems from technical necessity and pedagogical frustration. I have owned "professional" Japanese instruments with severe tuning and embocadura defects. There is a great lie in the Suizen world: the concept of "blowing for the sake of blowing," justifying mediocre instruments under the premise that "meditating even if it sounds bad" is acceptable.
Meditation on the shakuhachi is achieved through sound, not just the exhaled air. For this reason, I created my own workshop and teaching system, designing precision mouthpieces that facilitate execution without sacrificing depth. My pride, if it exists, is that of the craftsman seeking truth in the vibration of frequency and the clarity of timbre.
Conclusion: Where Is Your Heaven?
In my book, Blow Your Mind, Ride Your Tone, I ask: "When you pray, heaven listens; when you meditate, heaven speaks. Where is your heaven?" Heaven and hell are not geographical locations, but mental states created by our stance toward life.
If the knowledge we possess does not serve to make us better citizens, parents, or friends, that knowledge is worthless. The paper diplomas of the arrogant belong in the toilet. We must use the "sword of wisdom" to cut through the veil of falsehood, doubting even our own knowledge. Do not believe yourself grand or important; the truth is much simpler and less tangled than you have been led to believe.
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El Espejismo de la Autoridad y el Pantano del Makyo: Más allá de los Títulos y los Dogmas
Por Ricardo Zapata, Sensei
El Cubo de la Verdad y la Trampa de la Percepción
Cuando creemos poseer la verdad última, en realidad solo estamos observando una cara —o quizás apenas una arista— del vasto cubo que representa la realidad. Ningún ser humano es lo suficientemente grande como para sostener ese cubo en sus manos. En este mundo, la mentira prevalece porque es compleja, está "vestida" de harapos y enmarañada como una planta parásita. La verdad, en cambio, es desnuda, simple y directa como un tronco sin ramas. Es más fácil para el ego abrazar una gran mentira que aceptar una pequeña y simple verdad.
Títulos como Sensei, Shihan, Shidoshi o Reverendo son, en última instancia, etiquetas ilusorias de este plano dimensional. Aunque ostento grados otorgados por organizaciones japonesas en Ninpo Mikkyo Bujutsu y poseo una trayectoria académica y profesional en diseño y educación, soy plenamente consciente de que un título no otorga sabiduría ni superioridad moral. Los grados deben demostrarse en la forma de abordar la vida: en la resiliencia, en el servicio a la sociedad y en la capacidad de transformarse a uno mismo. La ilusión más grande del ignorante es creer que controla el conocimiento mediante la autoridad.
El Concepto de Makyo: El Autoengaño en la Práctica
Recientemente, en diálogo con un estudiante comprometido con el arte del Suizen, surgió el término Makyo (魔境), que literalmente significa "el lugar del diablo" o "territorio de demonios". En la meditación, el Makyo se refiere a las ilusiones o malas interpretaciones de la experiencia sensorial. Son burbujas de autoengaño donde el practicante cree haber alcanzado la iluminación o poseer un propósito mesiánico.
Este fenómeno no es exclusivo de la meditación; lo vemos en académicos con doctorados que carecen de madurez, en líderes religiosos que destilan intolerancia y en maestros de artes marciales sumergidos en delirios de grandeza. Quien se cree poseedor del conocimiento exclusivo en un mundo globalizado ha caído en un Makyo inducido. El verdadero despertar no es una fantasía mística, sino el cumplimiento de nuestras responsabilidades con lucidez, amor puro y una visión cruda de la naturaleza de la vida.
Mumon Ryu: La Escuela Sin Puerta ante el Sectarismo
Mi sistema, Mumon Ryu, nace de observar esta dualidad humana. Significa "Escuela Sin Entrada (o Puerta)", y simboliza el punto neurálgico donde el ser humano choca contra sus propios paradigmas. Muchos crean enemigos en cada esquina por el miedo a cruzar sus propias barreras.
Observo con preocupación el comportamiento sectario en las disciplinas meditativas. El mundo del shakuhachi no es ajeno a esto, atrapado a menudo en el dogma de que solo los japoneses poseen la autoridad para fabricar o enseñar el instrumento. Históricamente, esto es insostenible: el shakuhachi tiene raíces en China y quizás en otros lugares olvidados. Como bien se sugiere en la obra de Miyazaki, la cultura japonesa ha sido una gran síntesis de influencias externas. Declarar que un no-japonés no puede dominar este arte es tan absurdo como prohibirle a un asiático interpretar música clásica europea o vallenato colombiano. El arte se demuestra tocando, no mediante una fotografía junto a un maestro japonés.
Lutería y Pedagogía: El Sonido como Verdad
Como diseñador e intérprete, mi aporte al estado del arte del shakuhachi surge de una necesidad técnica y una frustración pedagógica. He tenido instrumentos japoneses "profesionales" con defectos graves de afinación y embocadura. Existe una gran mentira en el mundo del Suizen: el concepto de "soplar por soplar", justificando instrumentos mediocres bajo la premisa de que "meditar aunque suene mal" es aceptable.
La meditación en el shakuhachi se realiza a través del sonido, no solo del aire exhalado. Por ello, creé mi propio taller y sistema de enseñanza, diseñando boquillas de precisión que facilitan la ejecución sin sacrificar la profundidad. Mi soberbia, si es que existe, es la del artesano que busca la verdad en la vibración de la frecuencia y la claridad del timbre.
Conclusión: ¿Dónde está tu Cielo?
En mi libro, Sopla tu mente, domina tu tono, planteo: "Cuando oras el cielo escucha, cuando meditas el cielo habla. ¿Dónde está tu cielo?". El cielo y el infierno no son lugares geográficos, sino estados mentales creados por nuestra postura ante la vida.
Si el conocimiento que poseemos no sirve para ser mejores ciudadanos, padres o amigos, ese conocimiento es basura. Los diplomas de papel de quienes son soberbios deben ir al inodoro. Debemos usar la "espada de la sabiduría" para cortar el velo de la falsedad, dudando incluso de nuestro propio conocimiento. No te creas grande ni importante; la verdad es mucho más simple y menos enredada de lo que te han hecho creer.